12 de octubre de 2014

"Entre dos tierras" Cap.6

En aquel mundo la comida estaba muy elaborada, creo que podría decir que la comida que se le servía a nuestro Ryel era al menos mil veces peor. No se si sería porque la cocinaba Alexandra o porque simplemente las recetas de aquel mundo estaban completamente fuera del alcance del paladar de un habitante de nuestro mundo, el mundo que echaba de menos, aunque por la curiosidad y las cosas que estaba aprendiendo en el mundo en el que encontraba no me importaba tanto dejar de lado de momento. Ademas tampoco sabía como salir de el, así que con mas razón debía hacerme a la idea de vivir allí.

Tras comer, Alexandra y yo iniciamos una larga charla, en la cual entre otras cosas me dijo que debía incorporarme al trabajo aunque no estuviese capacitado para conducir, que podía ir en un taxi para que me llevase a la oficina. Según me había explicado, un taxi era un coche que conduce otra persona a cambio de dinero, vamos es como uno de los carruajes que pasa por el gran camino que une las dos ciudades. Me dijo que el taxista cobraba según la distancia entre el punto de partida y el final del trayecto.

Tras la comida fui a mi habitación -es decir, nuestra habitación- y me dispuse a leer aquellos libros que me dijeron que había escrito. Hablaban de un noble criado por salvajes, que había aprendido el arte del sigilo y de la caza. Por supuesto ese era yo, aunque en este mundo me dijesen que tales historias no eran más que el producto de la imaginación de un escritor, y que tal escritor era yo mismo.

Tales libros contaban toda mi historia y todos aquellos hechos históricos que me afectaron sin falta alguna de detalles relevantes. Los libros se centraban en mi persona y hablaban de como el Imperio del Sur avanzaba hacia el Bosque Uthoc, como si yo fuese una especie de héroe libertador, cuando yo simplemente soy un sigiloso cazador que caza para sobrevivir.

Volviendo a mi supuesto mundo real, mientras yo leía aquellos libros, la bella Alexandra  -de la cual no mencioné aún su oficio- estaba sentada en el escritorio, con bolígrafo rojo en mano, corrigiendo exámenes de sus alumnos. Cuando terminó con sus tareas se sentó a mi lado y me dijo:

- Cariño, ¿aún crees que esa historia es real?

- ¿Como sabes tu eso? - Le dije extrañado.

- Rebeca me dijo que cuando llegaste del hospital te creías tu personaje de los libros, que si sigues creyendo que eres el sus aventuras no acabarán. Puede que te olvidases de todo y te aferrases a la única historia que te ha quedado en la mente.

- Pero... Es que lo recuerdo todo tan real... - Dije yo, confuso.

- Vamos a hacer una cosa, recreemos una escena importante de tu vida a ver si con eso te ayudo a recordar.

- Como quieras, pero espero que funcione.