14 de septiembre de 2014

"Entre dos tierras" Cap.2

Rebeca había parado el mágico carro, era de suponer que habíamos llegado a nuestro destino. Bajamos del coche y nos dirigimos a otro de esos enormes edificios. Sacó una extraña llave del bolsillo, y la introdujo en la cerradura del portal. 

- Así que esta es nuestra casa...

- No hombre, aún no hemos llegado, en este edificio vive más gente.-Sonríe y baja la mirada con cara de pena.

- ¿Entonces vivo en una comuna?

- Piso, vives en un piso, Juanjo.

Entramos en un habitáculo de muy pequeñas dimensiones en el cual cuando Rebeca pulsó un numero escrito en la pared cerró sus puertas. Cuando las volvió a abrir estábamos en otro lugar. Ese habitáculo mágico nos había teletransportado a otro lugar, al parecer, según mi nueva prima, dentro del mismo edificio. En aquel lugar había solamente un pasillo con dos puertas. Rebeca sacó otra llave y se dispuso a abrir la puerta de la izquierda.

- Hemos llegado. Esta es tu casa. ¿La reconoces?

- No.

¿Como la iba a reconocer? No había estado allí en mi vida. De repente sale por una puerta una mujer preciosa, de verdes ojos y una larga melena oscura, tan oscura como aquella tierra negra que más tarde di en llamar asfalto. Reconocí sus ojos, esos ojos ya los había visto antes, aunque no en un lugar tan extraño ni en una mujer de oscura melena. Ella me miraba y sonreía.

- ¡Bienvenido Juanjo!-Me dice la hermosa chica.

- Hola...-Le digo.

- Tiene amnesia -le dice Rebeca- No se acuerda de nada ni de nadie. Y desde que salió del hospital no para de decir unas cosas muy raras.

- ¿Pero no te acuerdas de mi? Soy Alexandra, tu novia.

- ¿Novia? ¿Vamos a casarnos?

- No habíamos hablado de eso, pero llevamos seis años juntos, tarde o temprano tendremos que hablar de ello, ¿no crees? -Se ríe- Pero bueno, parece que ahora no estas en condiciones de hablar de nada importante.

- ¡Bueno parejita, me voy a casa de una amiga! -dijo Rebeca- Os dejo solitos para que hagáis vuestras cosas. -Se ríe mientras abandona aquel lugar al que llamó piso.

- Bueno cariño, vamos a nuestra habitación, a ver si te acuerdas al menos de nuestra cama, a ver si te vienen buenos recuerdos a esa cabecita tuya. -me dice con sonrisa picarona.

Me llevó a aquella habitación, la cual se suponía que eran mis aposentos. En el centro de aquel cuarto había una enorme cama. Tenía un par de mesas auxiliares, una a cada lado. En ellas había unos cuadros con unos retratos en los que aparecíamos mi supuesta novia y yo. Me resultaba muy extraño ver aquellos retratos, que estaban pintados con una calidad que nunca había visto. Y más que la calidad me extrañaba el hecho de aparecer a su lado, cuando, que yo recuerde nunca la había visto antes.

 En la pared izquierda de aquella habitación había una ventana y a la derecha un mueble lleno de extraños artefactos. Tras un momento de silencio, el cual me lo pasé observando aquel extraño lugar que debería de sentir conocido, Alexandra lo corta con otra pregunta a la que no tenía la respuesta que le gustaría.

- ¿Recuerdas algo?

- No, siento como si nunca hubiese pisado este lugar. Además dices que eres mi novia, no estamos prometidos y es como si no tuviese nunca el placer de conocerte anteriormente. Me pareces muy bella, pero no recuerdo nada de vos, lo único que se me resulta familiar son tus ojos.

- Bueno...-se le cae una lágrima- Menos da una piedra. Vamos a dormir, supongo que estarás cansado.

Me dio un beso en la mejilla y se dispuso a desnudarse. Se fue quitando la ropa lentamente, dejando ante mi la imagen más hermosa que había visto nunca. Tras desnudarse se metió en la cama y yo hice lo propio. Estaba siendo todo realmente extraño, pero al menos estaba en un lugar acogedor y una linda muchacha calentaba mi alcoba.